lunes, 12 de diciembre de 2011

Cumbres borrascosas

Lo dije el viernes en Radio Euskadi. Y hoy lunes se va confirmando. La útima cumbre de la UE, el famoso pacto Merkel - Sarkozy, al que no se ha unido el Reino Unido y sí los otros 26 países, no ha servido para nada. O por lo menos para lo más importante: para tranquilizar a los inversores y hacer que vuelvan a prestar dinero a los países en apuros, esto es, a Italia y a España. Con lo que la quiebra de ambos (y por extensión de la zona Euro) sigue muy pero que muy presente.

Mucho me temo que estamos tan cerca de cobrar en pesetas como la semana pasada. ¿Y por qué?. Pues básicamente por algo tan sencillo como que nadie garantiza a quienes han prestado dinero a Europa o quieran hacerlo (comprando deuda de sus países), que en el caso de que Italia o España no puedan devolvérselo, lo hará el conjunto de Europa solidariamente.

Alemania se resiste a pagar a escote los excesos de estados demasiado alegres a la hora de gastar. Sería, dice, dar carta verde para que se gaste sin control, algo así como dar dinero a un hijo drogadicto permanentemente. A cambio, proponen una durísima política de recortes, acompañada de un mecanismo automático de castigo para quienes gasten más de lo que ingresen. Es decir, si un estado (España o Italia por ejemplo) reconoce que no pueda pagar 2, va la comunidad y le mete de castigo otros 2. A eso le llamo yo una medida disuasoria.

De esta forma, Alemania y Francia junto con el resto de países de la UE, menos Reino Unido, pretenden lanzar un mensaje contundente a los inversores: presten dinero a España e Italia, que con los recortes que les vamos a imponer y las multas para evitar que gasten más de lo debido, les garantizamos que les pagarán.

Muy hábiles, pero no cuela, porque el inversor insiste: vale, ... pero y si aun así todo, no pueden pagar, ¿lo harán ustedes? ... silencio en la Cumbre...

Así las cosas, no es de extrañar que hoy lunes las bolsas vuelvan a caer en picado y que la famosa prima de riesgo país española e italiana se disparen. Traducción: en estas condiciones ningún inversor extranjero presta dinero a los países en apuros.

¿Y que hay del Banco Central Europeo?. Pues tampoco, porque Alemania (su principal contribuyente) también se niega, por aquello de no querer pagar a escote los excesos ajenos. Eso sí, el BCE baja el interés del dinero que presta al resto de bancos, y además se lo presta por un período de 3 años, en lugar de 1 año como hasta ahora era habitual, para que tengan tiempo de ajustar su deuda. Una medida que ya se sabe será como una gota de agua en el desierto.

La única solución para evitar que el próximo verano cobremos de nuevo en pesetas (devaluadas, por cierto) es que el BCE se convierta en lo que se conoce como prestamista de último recurso a los estados en apuros (ahora se lo prohíbe su reglamento), y garantice que si un estado miembro entra en quiebra, él paga. Es decir, funcione como un banco central al uso.

Ocurrió en Estados Unidos hace un año. El estado de California quebró, y la Reserva Federal norteamericana (su banco central) dijo a los inversores: tranquilos, que yo me hago cargo de la deuda, es decir, todo Estados Unidos a escote.

También pasó en Emiratos Árabes en 2010. Uno de sus emiratos, Dubai, sin apenas petróleo pero con un gran desarrollo urbanístico, quebró. Al día siguiente, salió su ‘primo de Zumosol’, Abu Dhabi, forrado de petrodólares, que lanzó el mismo mensaje: tranquilos, que yo pago.

Ambos casos ilustran a las claras cómo evitar el pánico y la fuga de los prestamistas.

En Europa, los 17 países de la zona Euro, comandados por el dúo dinámico Merkel - Sarkozy, insisten en que cada uno ventile sus deudas como pueda. El caso es que Italia y España no pueden. Eso sí, como decía Gila: ‘nos metemos, y entre todos les dimos una paliza ...'.

Hace poco un analista del Royal Bank of Scotland resumía de forma bien gráfica la situación: Alemania viaja en camarotes de primera, es cierto, ... pero en el Titanic. Y no parece darse cuenta. ¡Ojalá se equivoquen los pronósticos!.

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