lunes, 27 de febrero de 2012

El curioso caso de Sergey Aleynikov

Esta es una pequeña historia que intenta trasladar al lector la reflexión sobre lo absurdas que pueden llegar a ser las patentes aplicadas al Sotware.

Sergei Aleynikov es un antiguo programador que realizaba sus tareas de desarrollo de Software para la prestigiosa firma de finanzas Goldman Sachs. Sergey Aleynikov fué condenado a prisión por el robo de código de un desarrollo interno de Goldman Sachs, empleado en una aplicación para transacciones ultrarápidas.

Después de pasar cerca de un año en prisión, a Sergey Aleynikov, tras una revisión del caso por tres jueces distintos, le anularon la condena con una simple escucha de los hechos.

¿Qué había ocurrido entonces?. ¿Fue injustamente condenado en primera instancia?. ¿Acaso no había robado nada y se le acusó de forma errónea?:

Sergey Aleynikov confirmó que se había llevado el código, pero argumentó que eso no constituía un delito y mucho menos un delito federal. El hecho es que el código que se llevó no estaba sujeto a ningún tipo de licenciamiento (era un desarrollo interno hecho por y para Goldman Sachs), ni estaba prevista su venta al público, por lo que su hurto no infringía las leyes de comercio ni suponía un delito de espionaje industrial.

¿Absurdo no?:

Supongamos que nos dedicamos a la agricultura, y que tenemos en nuestro domicilio 40 kilos de tomates para la venta al público el domingo en la plaza (con Eusko label eso sí). Una noche nos entran a robar en casa, se llevan nuestra televisión de plasma, los muebles, las joyas de la abuela, la cubertería de plata, ordenadores, etc., pero dejan en su sitio los tomates.

A la mañana siguiente denunciamos el robo en el cuerpo de Policía que corresponde y estos diligentemente detienen al infractor, una vez llegados a este punto, se produce el juicio y en la vista el juez mantiene la siguiente conversación con nosotros:

"¿Es usted un distribuidor de electrodomésticos?:

No.

¿Se dedica usted a la venta de muebles?:

No.

¿Es usted un distribuidor de material informático?:

No.

¿Se dedica usted a la joyería o venta de la misma?:

No.

¿Es usted Agricultor o se dedica a la venta de productos agrícolas?:

Sí.

¿Ha echado usted algo en falta de estos productos atribuible a la actividad del acusado?:

No."

"No hay caso, el acusado queda en libertad, usted paga las costas y por favor no me haga perder más el tiempo. Eso sí, si le llegan a robar los tomates, se les cae el pelo."

Esto que para los productos tangibles parece obvio y se traduce en una conversación de besugos, parece que se complica hasta el infinito cuando hablamos de temas intangibles como el Software y la propiedad intelectual.

No es éste, sin embargo, el único revés que ha sufrido la prestigiosa firma Goldman Sachs en los últimos tiempos.

Recientemente, uno de sus consultores de TI, Henry King, ha sido acusado de filtrar información de empresas como Appple, HP, Dell o IBM a sus inversores en Estados Unidos. Henry King facilitaba a sus inversores información de las plantas de componentes en Taiwan para las citadas firmas, de forma que los inversores sabían en todo momento el volumen de fabricación de los componentes y así podían hacerse una idea de la demanda y los beneficios que un producto y una firma en concreto podían obtener, es decir apostar a caballo ganador. De todas formas, tampoco es la cuestión crucificar al pobre Henry, ya que desde el 2009, son docenas los casos de utilización indebida de información interior (que es un delito federal en Estados Unidos), los que han ido saliendo a la luz.

Lo gracioso de todo esto, es que luego intentan vender Wall Street como si fuera un fortín para la información, donde tanto compradores como vendedores están aislados entre sí, sin ningún tipo de filtración, ni interacción, salvo la estrictamente regulada.

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