En esta ocasión
me voy a permitir una licencia, ya que
me voy a referir a un código que aparece en la novela "El nombre de la rosa" ('Il nome della rosa') de Umberto Eco. Y digo esto porque voy a contar un episodio de la misma que no se refiere a la
criptografía, sino a la
codificación de caracteres, y, aunque también tiene algo de
esteganografía, ni siquiera se puede decir que sean parte esencial de su trama. Este papel le corresponde a la
semiótica, es decir, a
los símbolos y los signos que comunican un mensaje que debe ser interpretado por el receptor,
materia en la que el filósofo y escritor italiano era todo un experto.
Tanto la novela, publicada en 1980, como su adaptación al cine, de 1986, tuvieron un gran éxito: un fraile
franciscano
Guillermo de Baskerville, papel interpretado en la película por
Sean Connery,
y el novicio benedictino Adso de Melk
, interpretado por Christian Slater, investigan una serie de asesinatos que se producen en una abadía del norte de Italia.
Yo, seguro que al igual que muchos de los lectores de este blog que ya tenemos una cierta edad, vi la película en cuanto salió y, como me gustó, poco después leí el libro, pero fue hace mucho tiempo y no recuerdo bien ni la una ni el otro, además de que era muy joven y seguro que se me escaparon muchos detalles, por lo que tengo pendiente hacer ambas cosas de nuevo.
Bueno, pero voy al episodio al que me refería al principio de este post. El caso es que Guillermo de Baskerville encuentra un pergamino en el que al acercarlo por accidente a la llama de una lámpara aparecen unos signos borrosos de color amarillo oscuro y, más tarde, al desplazar la lámpara por detrás del folio, éstos se van definiendo poco a poco más claramente. Por tanto, tal y como decía al principio, en este episodio se ve involucrada la esteganografía, de una forma muy recurrente en relatos de misterio, aventuras, etc.: un mensaje escrito con tinta invisible que sólo reaparece al aplicarle calor (ver este post donde explico el sistema esteganográfico empleado por Edgard Allan Poe en "El escarabajo de oro" y que es el mismo que se usa en esta novela).

Por cierto, como curiosidad adicional y ejemplo de uno de los muchos detalles que se me escaparon en su momento, cuando Guillermo de Baskerville pasa la lámpara por detrás del pergamino y van apareciendo esos extraños signos, Adso de Melk dice: "Poco a poco, como si una mano invisible estuviese escribiendo “Mane, Tekel, Fares”. ¿A qué se refiere? Pues creo que, sin ninguna duda, a uno de los pasajes más antiguo que se recuerdan sobre un mensaje misterioso
, que se relata en el capítulo V del Libro del profeta Daniel de la Biblia: durante un banquete que celebra el rey Baltasar de Babilonia, una mano sobrenatural escribe en la pared, con caracteres hebraicos, un mensaje misterioso: MANE, TECEL, FARES. Nadie salvo Daniel puede interpretarlo. Pero esto es ya otra historia.Volviendo al
mensaje con los extraños signos que aparecen en el pergamino, éste es el siguiente (en la novela sólo aparecen los primeros):

Guillermo de Baskerville enseguida se da cuenta de que se está utilizando un alfabeto con los signos del zodiaco y de los planetas, pero no sabe exactamente la correspondencia entre los signos de éste y los caracteres del alfabeto del lenguaje natural en el que se escribió el mensaje a codificar, lo que le permitiría obtener el texto decodificado.
Finalmente, tras unas pocas horas, Guillermo de Baskerville consigue decodificar el mensaje: sospecha, sin duda y debido a otras circunstancias, que el autor del mensaje ha codificado la clave para entrar en el 'Finis Africae', una zona secreta de la biblioteca en la que se ocultan libros que el bibliotecario estima peligrosos para la fe cristiana, y se le ocurre realizar un ataque de texto claro conocido ('known plaintext attack'), es decir, "formular hipótesis sobre cuáles podrían ser las primeras palabras del mensaje, y después ver si la regla que de allí se infiere vale para el resto del texto", y como texto probable ('crib') se le ocurre que las tres primeras palabras del mensaje decodificado bien podrían ser:
'SECRETUM FINIS AFRICAE'.
A partir de aquí y si las deducciones de Guillermo de Baskerville sobre las tres primeras palabras del mensaje codificado y sobre el alfabeto utilizado, doce signos zodiacales y ocho signos correspondientes a: la tierra, la luna, el sol y el resto de los otros cinco planetas (Mercurio, Venus, Marte, Júpiter y Saturno), que se asociarían a las letras del alfabeto latino, son correctas, creo que hasta yo hubiera sido capaz de decodificarlo:
Con lo que parece claro que en el alfabeto de signos primero se colocan los de los planetas conforme a una visión geocéntrica (Tierra, Luna, Mercurio, Venus, Sol, Marte, Júpiter y Saturno) y después los del zodiaco según su secuencia tradicional (Aries, Tauro, Géminis, Cáncer, Leo, Virgo, Libra, Escorpio, Sagitario, Capricornio, Acuario y Piscis).
Y una vez establecida la correspondencia entre los signos y los caracteres del Latín, el resto del mensaje es muy fácil de decodificar:
'SECRETUM FINIS AFRICAE MANUS SUPRA IDOLUM AGE PRIMUM ET SEPTIMUM DE
QUATUOR'
Lo que supongo que traducido al español, por lo visto en la novela y con ayuda del traductor, quiere decir algo así como:
SECRETO FINIS AFRICAE LA MANO SOBRE EL ÍDOLO OPERA SOBRE EL PRIMERO Y EL
SÉPTIMO DE CUATRO
¿Les sirvió de algo decodificar el mensaje? Sinceramente, a mí no me hubiera servido de nada, ahora había que interpretar correctamente lo que dice el texto en latín, y a ellos no lo sé :), como digo tengo pendiente volver a ver la película y leer otra vez la novela.
¡Excelente post! Este libro es de los que no se leen en línea recta: te empuja a parar, buscar referencias y hacer lecturas en paralelo. Vas avanzando y, de repente, te encuentras con una discusión teológica, un guiño filosófico, un concepto de lógica o un detalle histórico que te pica la curiosidad… y acabas con otra pestaña abierta, otro libro encima de la mesa o una nota al margen. Y lo mejor es que esa experiencia encaja con lo que cuenta la propia novela: el conocimiento no aparece como algo transparente, sino como algo que se rastrea, se interpreta y, muchas veces, se disputa. Leerla se parece bastante a moverse por su biblioteca-laberinto: vas siguiendo signos, conectando pistas y revisando lo que creías haber entendido. Por eso engancha tanto: no solo narra una investigación, te mete a ti en modo investigador.
ResponderEliminarLa idea central del libro, para mí, es muy simple: información = poder. Eco usa el formato de thriller medieval para hablar de algo totalmente actual: cómo se protege la información (ocultándola, restringiéndola o distorsionándola) y, sobre todo, quién decide qué puede leerse, quién puede interpretarlo y quién tiene derecho a preguntar. De hecho, el corazón del enigma no es sólo resolver el misterio de los asesinatos, sino tmb, la biblioteca-laberinto, diseñada para controlar el acceso al conocimiento: los asesinatos, los mensajes velados y las pistas llevan a un conflicto de fondo sobre quién tiene derecho a leer, interpretar y difundir ciertos textos. La investigación de Guillermo de Baskerville choca con la Inquisición y con Jorge de Burgos, el bibliotecario-censor, dispuesto a lo que sea, incluso a matar, para que ciertas ideas no circulen.
Lo buenísimo es que la biblioteca funciona como metáfora y como motor de la intriga a la vez. No es solo un archivo: es un sistema de control, un laberinto físico de estantes, rutas y reglas que refleja el laberinto mental de leer y entender cuando alguien está empeñado en que no llegues al fondo. La arquitectura, el catálogo y las normas actúan como política de acceso: el conocimiento se trata como un recurso escaso que se administra (y se niega) para preservar la doctrina oficial. Y el laberinto no solo simboliza la búsqueda intelectual, también el riesgo de perderse en interpretaciones infinitas.
En paralelo, Eco enfrenta risa y miedo: la risa desarma la autoridad y relativiza lo sagrado, mientras el miedo funciona como herramienta disciplinaria. La disputa no es solo moral, es epistemológica: qué ideas pueden existir sin poner en peligro el orden. Por eso la ceguera de Jorge no es solo física; es una elección, la decisión de no ver y, sobre todo, de no dejar que otros vean: el censor acaba siendo un firewall cultural.
Y al final, resolver el caso es ir tirando del hilo de la información oculta (localizar el soporte, interpretar señales, descifrar), pero el libro te deja esa sensación incómoda de que el saber es frágil y la interpretación siempre resbala: incluso cuando crees haber resuelto algo, la verdad completa siempre se te escapa.
Y si lo miras con gafas de seguridad, es una fiesta: hay mucha “esteganografía” sin llamarla así. Más allá de lo obvio (usar jugo de limón para ocultar el texto cifrado), el secreto no está solo en el criptograma, sino en dónde se encuentra ubicado, cómo se accede a él y quién lo custodia; el “canal” (biblioteca, catálogo, rituales) también es parte del mensaje. Encima, hay señales incrustadas en el entorno: símbolos para orientarse, arquitectura que marca rutas, reglas internas, etc. Todo parece normal (una abadía, una biblioteca), pero está diseñado para ocultar, pura seguridad por oscuridad. Y remata con algo muy de hoy: muchas veces lo decisivo no es el contenido, sino los metadatos (la localización real, la clasificación, quién sabe qué hay y dónde). Vamos, que no es el payload… son los metadatos!.
¡Excelente comentario!
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