Cinco
curiosidades sobre criptografía que entran en el terreno de la leyenda, y no porque las historias correspondientes carezcan de una base real sino porque ésta se ha ido deformando y magnificando por la fantasía o las especulaciones; allí donde hay un mensaje que nadie puede leer, siempre habrá alguien dispuesto a imaginar qué secreto contiene.
1.-
La carta del Diablo:
En algún lugar entre la historia y el misterio religioso se encuentra la carta que una moja que vivió en el siglo XVII dijo haber escrito "poseída" por el Diablo.
La leyenda de sor María Crocifissa della Concezione (nombre secular Isabella Tomasi) comenzó el 11 de agosto de 1676 cuando hallándose en el convento benedictino de Palma di Montechiaro (Sicilia) se la encontró con la cara cubierta de tinta negra y con una misteriosa carta escrita con extraños símbolos que nadie supo interpretar.
La monja dijo que, bajo posesión demoníaca, Satanás le había obligado a escribir esa carta; y es a partir de aquí donde la realidad se entemezcla con la leyenda.
El Diablo habría obligado a la hermana a firmar la carta, pero ella se habría resistido heroicamente a la exigencia escribiendo 'ohimè' (interjección italiana que significa: "¡Ay de mí!"), que es la única palabra comprensible en la carta.
En 2017, un grupo de investigadores del Centro Científico Ludum de Catania (Sicilia), compuesto por informáticos, psicólogos e historiadores, utilizó un sofware con un algoritmo refinado al efecto para descifrar la carta en base a diferentes alfabetos (latino, griego antiguo, árabe, rúnico y yazidí). Algo parece que consiguieron descifrar (parece que se hace referencia al río Estigia, el río que en la mitología clásica separaba la tierra y el mundo de los muertos, que se afirma que Dios, Jesús y el Espíritu Santo son "pesos muertos",...), pero el texto en claro obtenido es totalmente inconsistente.

¿Una carta escrita al dictado del Diablo? A mí no me parece que tenga mucho sentido: ¿Pará qué querría Lucifer escribir un mensaje que nadie pueda enteder? De escribir uno supongo que pondría a parir a toda la cúpula celestial y se aseguraría de que ese mensaje llegara a todos alto y claro (nunca mejor dicho, es decir, en texto en claro). Lo más probable es que la hermana María escribiera la carta bajo un brote de esquizofrenia, trastorno mental asociado frecuentemente a los episodios en los que una persona cree estar bajo posesión demoníaca, utilizando inconscientemente alfabetos antiguos que tal vez conocía.
2.- Los papeles de Beale:
Hay historias que parecen destinadas a convertirse en leyendas. Una de ellas es la de los Papeles de Beale, un conjunto de tres documentos cifrados que, según un folleto publicado en 1885 titulado 'The Beale Papers', esconden la ubicación de un fabuloso tesoro enterrado en algún lugar de Virginia, Estados Unidos.

La historia comienza a principios del siglo XIX, cuando un hombre llamado Thomas J. Beale y un grupo de compañeros habrían descubierto una mina con gran cantidad de oro y plata durante una expedición hacia el oeste y pasaron largo tiempo sacando grandes cantidades de metales preciosos, que entregaron a Beale con el encargo de que las transportara a Virginia y las enterrase en una ubicación segura. Tras hacer varios viajes para satisfacer el encargo, Beale escribió tres mensajes cifrados: el primero con la ubicación exacta del tesoro, el segundo con la descripción de éste y el tercero con los nombres de los cotitulares, sus lugares de residencia y los nombres de los familiares más cercanos de cada uno de ellos.
En 1822 Beale colocó los criptogramas y algunos otros papeles en una caja de hierro, que dejó en custodia a un posadero de
Lynchburg llamado Robert Morriss, y le pidió que no la abriera a menos de que transcurrieran diez años sin que regresara.
Finalmente, veintitrés años más tarde, en 1845, Morriss abrió la caja y halló los tres mensajes cifrados y el resto de papeles que Beale había guardado en ella. Morriss no logró descifrar los criptogramas y décadas más tarde legó la caja y su contenido a un amigo, quien logró descifrar el segundo de ellos, es decir, el que indica el lugar genérico donde se había enterrado el tesoro (en el condado de Bedford) y la descripción del mismo.
Para descifrar el segundo criptograma este amigo utilizó una edición de la Declaración de Independencia de los Estados Unidos como clave, es decir, se trataba de un
cifrado por libro, pero fue incapaz descifrar los otros dos y acabó publicando todos los documentos en un folleto titulado '
The Beale Papers' mediante otro amigo, James B. Ward, en 1885, a un precio de cincuenta centavos, y que constituye la única fuente de esta historia.
El descifrado del segundo criptograma (en la imagen.
Fuente: wikipedia) se realiza sustituyendo cada número que en él aparece por la letra inicial de la palabra del texto clave cuya posición correlativa indica dicho número (por ejemplo: el primer número del criptograma, '115', se susutituye por la inicial de la palabra situada en la posición 115 de la Declaración de Independencia de los Estados Unidos: la 'i' de 'instituted').
El
texto en claro completo del segundo criptograma es:
"I have deposited, in the county of Bedford, about four miles from Buford's, in an excavation or vault, six feet below the surface of the ground, the following articles, belonging jointly to the parties whose names are given in number “3” herewith:
The first deposit consisted of one thousand and fourteen pounds of gold, and three thousand eight hundred and twelve pounds of silver, deposited November, 1819. The second was made December, 1821, and consisted of nineteen hundred and seven pounds of gold, and twelve hundred and eighty-eight pounds of silver; also jewels, obtained in St. Louis in exchange for silver to save transportation, and valued at $13,000.
The above is securely packed in iron pots, with iron covers. The vault is roughly lined with stone, and the vessels rest on solid stone, and are covered with others. Paper number “1” describes the exact locality of the vault, so that no difficulty will be had in finding it".
En español algo así como:
"He depositado, en el condado de Bedford, a unas cuatro millas de Buford's, en una excavación o bóveda, a seis pies bajo la superficie del suelo, los siguientes artículos, pertenecientes conjuntamente a las partes cuyos nombres se dan en el número “3” adjunto:
El primer depósito consistió en mil catorce libras de oro y tres mil ochocientas doce libras de plata, depositadas en noviembre de 1819. El segundo se realizó en diciembre de 1821 y consistió en mil novecientas siete libras de oro y mil doscientas ochenta y ocho libras de plata; además de joyas, obtenidas en San Luis a cambio de plata para ahorrar en transporte, y valoradas en 13.000 dólares.
Lo anterior se encuentra cuidadosamente embalado en vasijas de hierro con tapas de hierro. La bóveda está revestida toscamente de piedra, y las vasijas reposan sobre piedra sólida y están cubiertas con otras. El documento número «1» describe la ubicación exacta de la bóveda, por lo que no habrá dificultad para encontrarla".
A día de hoy ninguno de los otros dos criptogramas ha podido ser descifrado pese a los innumerables intentos que se han hecho para ello.
¿Con qué tipo de cifrado fueron cifrados? Se desconoce. Si alguno de ellos fuera un cifrado por libro, la dificultad para descifrarlo radicaría no sólo en saber qué texto concreto se utilizó como clave, sino en dar con la edición exacta utilizada, pero pueden haber sido cifrados utilizando cualquier otro tipo de cifrado (
sustitución homofónica, combinación de varios métodos...).
Los papeles de Beale: ¿realidad, mito (alegoría masónica) o fraude? Estas son las tres teorías principales.
La actualmente más aceptada es que son un fraude: los criptogramas 1 y 3 serían inventados; no tendrían ningún sentido. Los principales argumentos en los que se basa esta teoría son: el análisis estadístico demuestra que los criptogramas 1 y 3 no tienen la distribución de frecuencias propia del idioma inglés, no existen registros de la época que prueben la existencia de Thomas J. Beale, toda la historia se basa en una única fuente, hay incongruencias en el relato y, además, en éste se utilizan modismo y palabras que no se usaban en la década en la que Beale escribió los papeles sino en décadas posteriores,... James B. Ward, la persona que registró los derechos de autor del folleto en 1885, habría creado esta historia ficticia para ganar dinero con la venta del panfleto; 50 centavos era una cantidad importante para la época y supongo que esperaba una cantidad muy grande de ventas debido al reclamo de la localización de un fabuloso tesoro.
En cualquier caso, sea como fuere, lo que si es cierto es que estos tres criptogramas entran por mérito propio en el terreno de las leyendas de la criptografía y que el condado de Bedford parece un queso gruyere por el gran número de excavaciones que se han realizado para intentar localizar el tesoro.
3.- El manuscrito Voynich:
Sin lugar a dudas, el libro más misterioso de la historia. Un enigma convertido en leyenda que lleva más de un siglo trayendo de cabeza a los mejores criptógrafos, lingüistas e historiadores del mundo.
Se trata de un libro ilustrado de unas 240 páginas, escrito a mano a principios del siglo XV (la datación por carbono 14 del pergamino en el cual está escrito lo fecha, con un 95% de probabilidad, entre 1404 y 1438) en un alfabeto desconocido y acompañado de extrañas ilustraciones de plantas, diagramas astronómicos y figuras humanas; su origen y propósito siguen siendo un misterio.
Ha sido estudiado por muchos criptógrafos profesionales, lingüistas, historiadores y aficionados, siendo las hipótesis más sugeridas aquellas que creen que se trata de un idioma o dialecto desconocido, algún cifrado sofisticado y extremadamente complejo o un engaño sin sentido.

El misterio de su contenido ha dado lugar a múltiples especulaciones, tales como que su autor es el propio Wilfrid Voynich, y no sólo porque siempre ocultó el lugar en donde dijo encontrar el manuscrito ("un castillo en el Sur de Europa") sino porque tenía amplios conocimientos de química y era experto en obras raras, manuscritos e incunables; o que lo escribió el filósofo, científico y teólogo inglés
Roger Bacon en el siglo XIII, que estaba muy interesado en la escritura encubierta o cifrada, que consideraba necesaria para ocultar grandes secretos y evitar que fuesen abusados por la humanidad; o que su autor es el célebre ocultista inglés
John Dee o su socio
Edward Kelley, alguno de los cuales podría haberlo escrito en el siglo XVI, etc.

Desde hace ya algunos años se está utilizando la IA para analizar este manucrito mediante técnicas de aprendizaje automático, lingüística computacional y criptografía, buscando identificar el idioma y detectar patrones en sus símbolos y palabras. Uno de los intentos más conocidos, realizado en 2018, señaló el hebreo como posible lengua subyacente, aunque no consiguió descifrar ni traducir el manuscrito de forma verificable. Los modelos actuales también estudian la relación entre el texto y las ilustraciones, pero, pese a detectar una estructura compleja, que hace que difícilmente pueda ser un engaño sin sentido, a día de hoy el manuscrito Voynich sigue sin estar descifrado y continúa formando parte de las leyendas de la criptografía.
4.- La cifra Dorabella:
Un criptograma de leyenda que nadie ha podido descifrar pese a su aparente sencillez.
En 1897, el compositor británico Edward Elgar envió una breve nota, aparentemente cifrada, a su joven alumna y amiga Dora Penny, quien nunca pudo saber qué ponía en ella y asumió que se trataba de un mensaje cifrado. Pero, ¿realmante era un criptograma? Nadie lo sabe con certeza, pero el hecho de que el compositor estuviera interesado en los mensajes ocultos alimenta la teoría de que, efectivamente, así era.
Además, se sabe que también utilizó el supuesto alfabeto de sustitución de este peculiar y también supuesto criptosistema en el margen izquierdo de un programa de conciertos de Liszt, lo que reforzaría la idea de que tiene que tener algún significado.
Y como curiosidad adicional y mayor vinculación aún del compositor con los mensajes ocultos está su obra musical
"Variaciones Enigma" ('
Enigma Variations'), que esconde un enigma tras ella y de cuyo título se dice que proviene el nombre de la famosa
máquina Enigma.

El criptograma en cuestión consta de 87 símbolos con apariencia de pequeños garabatos o letras deformadas (parecen estar compuestos por medio, uno o dos caracteres 'E': ¿De Edward Elgar?) orientados en diferentes direcciones y distribuidos en tres líneas. El número de símbolos distintos que se identifican en el criptograma es de 20:
Añadiendo otras orientaciones diferentes de símbolos, que no figuran en el criptograma, en total se obtiene un alfabeto de aproximadamente 24 símbolos diferentes, por lo que a simple vista podría tratarse de un cifrado de
sustitución simple monoalfabética, lo que, además, vendría avalado por la posible clave de este cifrado que aparece en unas notas del compositor (en ella se ve que, efectivamente, el número de símbolos del alfabeto de sustitución sería 24):
El problema es que al aplicar esta clave al criptograma se obtiene un texto plano sin ningún sentido:
Sin embargo, calculando el Índice de Coincidencia (IC) del criptograma, o probabilidad de que dos símbolos escogidos al azar sean el mismo, se obtiene lo siguiente:
Lo que volvería a apuntar a un cifrado de sustitución simple monoalfabética, ya que 0,059 está próximo a 0,065, que es el índice de coincidencia esperado para un texto claro escrito en inglés, idioma en el que supongo se encuentra escrito el texto plano correspondiente al criptograma.
Por tanto, podría tratarse de una clave distinta o de un criptosistema más complejo, por ejemplo, que combine sustitución simple con transposición.
Muchos han sido los intentos de descifrar este misterioso criptograma, hasta el momento sin éxito convincente; incluso se ha llegado a sugerir que no se trata de un mensaje de texto cifrado sino que en realidad es una melodía.
A pesar de su brevedad, la conexión de esta nota con un compositor famoso, sumada a que hasta el momento nadie ha podido obtener una solución convincente a partir de ella, ha generado un interés constante por conocer su contenido, y lo más probable es que, si tiene algún sentido, no lo conozcamos nunca.
5.- Z-13:
El último de los criptogramas enviados por el famoso asesino del Zodiaco, conocido como Z-13 o simplemente 13, ya que consta de 13 caracteres o símbolos, que aún está por descifrar y que supuestamente contendría su nombre es otra de las historias curiosas sobre criptografía que se adentran en el terreno de la leyenda.
El asesino del Zodiaco cometió al menos siete asesinatos en el área de la Bahía de San Francisco y alrededores a finales de la década de 1960 y principios de los 70, y tras sus crímenes enviaba mensajes cifrados a los periódicos burlándose de la policía y retándoles a que le identificaran y lo detuvieran.
El
primero de los criptogramas que envió tenía 408 caracteres o símbolos, se le conoce como Z-408 o simplemente 408, y supuestamente desvelaba su identidad. Fue cifrado mediante
sustitución homofónica, es decir, cada letra del texto en claro se sustituía por uno de entre varios símbolos distintos que figuraban para cada letra del alfabeto en una tabla; la tabla de homófonos o clave.
Este primer criptograma fue descifrado en tan sólo una semana por un profesor de secundaria y su esposa, pero no contenía el nombre del asesino. Al final del texto en claro se podía leer:
"I WILL NOT GIVE YOU MY NAME BECAUSE YOU WILL TRY TO SLOW DOWN OR STOP MY COLLECTING OF SLAVES FOR MY AFTER LIFE...".
Es decir, en español algo parecido a:
"NO OS DARÉ MI NOMBRE PORQUE TRATARÉIS DE RETRASAR O DETENER MI RECOLECCIÓN DE ESCLAVOS PARA MI VIDA EN EL MÁS ALLÁ...".
El
segundo criptograma tenía 340 caracteres o símbolos y, por tanto, se le conoce como Z-340 o simplemente 340, y permaneció sin ser descifrado más de 50 años.
Fue cifrado utilizando un criptosistema que combinaba la sustitución homofónica con la transposición y sólo en 2020, contando con una potencia de cálculo muy importante y con un software matemático y de criptoanálisis muy especializado, que permitieron analizar muchos millones de transposiciones candidatas hasta dar con la correcta, se consiguió su descifrado.
Lamentablemente, en el texto en claro tampoco apareció el nombre del asesino del Zodiaco; tal vez ocultó ese secreto en otro de los criptogramas que envió y que aún no han podido ser descifrados: el conocido como Z-13 (tiene sólo trece caracteres o símbolos) parece ser el mejor candidato, ya que el propio asesino indica que contiene su nombre, aunque ya mintió sobre este tema antes. Esta posible nueva mentira unida a su muy escasa longitud, que lo hace imposible de criptoanalizar, hace muy probable que nunca se sepa a ciencia cierta su identidad, pese a haber dos sospechos principales:
Arthur Leigh Allen y
Gary Francis Poste, y haberse especulado con
otros posibles sospechos.
Quizás también te interese:
Comentarios
Publicar un comentario